Mientras muchos estamos todavía familiarizando con lo que representa la web 2.0 con el manejo de redes sociales y la interacción de personas y materiales, mientras la mayoría sigue usando la red como 1.0, es decir, internet como simple escaparate en el que hay cosas colgadas para leer…, mientras todo eso pasa nos adentramos sin pausa en la web 3.0 o web semántica.
Para los no iniciados diremos que la web 1.0 representa internet en estado puro, el sencillo, el que ya utilizamos todos y consiste en que un montón de espacios con información al que somos capaces de tener acceso o en el que los más avezados se atreven incluso a generar contenidos. La web 1.0 se caracteriza por ser de lectura y, como mucho, de escritura. Se trata de la colocación de contenidos para su lectura y utilización pero el lector no puede interactuar con la información. El ejemplo de este modelo son las páginas web que pueblan la red.
La aparición de la web 2.0 está propiciada con la utilización de tabletas y smartphones mediante la universalización de la wifi y el 3G. El poder disponer de conexión desde cualquier lugar y con cualquier aparato nos hace estar conectados todo el tiempo y poder acceder a la información y la comunicación con todos de un modo inmediato.
Pero la gran virtud de este proceso supone también su gran problema. Tener acceso a la información de una forma tan cómoda y sencilla ha supuesto una sobreexposición a dicha información. El estar disponible un mayor número de contenidos no significa que estemos más informados. Vivimos en la sociedad con mayor acceso a la información pero no estamos en la sociedad más informada.
El acceso a la información no garantiza, per se, un mejor conocimiento. Esta es la base de la competencia informacional y supone algo imprescindible para los docentes que tratamos de educar a nuestros alumnos en lo que supone la localización, el procesamiento y la utilización de esa información en la resolución de sus problemas académicos, lo que les supondrá ser capaces después de enfrentarse a todo lo demás.
Ya no nos importa dónde está localizada la información física o virtualmente ni desde qué dispositivo accedamos a ella. Se trata de generar buscadores inteligentes que localicen la información precisa que buscamos y que integre no sólo la misma información sino también quién la buscó, cuando, en qué términos, si fue compartida en las redes, etc.
No debe cundir el desánimo ni tampoco debemos obsesionarnos por ir “al día” en toda esta sinfonía de apariencia desafinada. La web debe ir adaptándose a nosotros y aportando recursos de software que nos faciliten el trabajo sin necesidad de invertir demasiado tiempo en aprender cosas nuevas. También es importante tener en cuenta que muchos recursos de los que vamos aprendiendo e incorporando a nuestro trabajo siguen siendo útiles y lo seguirán siendo por mucho que la red avance más allá de lo que nosotros podemos ver. Pensemos que hace unos años éramos muchos los que despreciábamos un ordenador, nos reíamos de quien se compraba un portátil o nos confesábamos como militantes de la religión anti-móvil cuando hoy nos parecen instrumentos tan cotidianos como la batidora o la vitrocerámica.
La generalización de estos buscadores facilitará enormemente nuestra labor docente pero debemos seguir esforzándonos por adaptarnos a lo que se nos viene encima cada día. Nuestro trabajo de asimilación de lo nuevo no puede detenerse por mucho vértigo que nos provoque porque nos enfrentamos como inmigrantes digitales a este reto frente a nuestros alumnos que son nativos digitales, nacieron en un mundo así.
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